Veinte años no es nada, dice un tango. Y parece que doscientos años, tampoco. Al menos, a juzgar por los acontecimientos políticos que estamos acostumbrados a soportar últimamente.
Siempre hubo discusiones entre los políticos, desde que la Revolucion de Mayo eligio las nuevas autoridades para nuestra nueva y gloriosa nación, y antes también.
Pero lo que sorprende, luego de 200 años, es el tono casi beligerante de las declaraciones. No es que pequemos de ingenuos y pretendamos que los modos y las palabras sean las de un catálogo de buenas costumbres. Históricamente, hemos tomado ejemplos de buena conducta de próceres, científicos, escritores, políticos... Hoy, sin generalizar, si tomamos esos ejemplos lo más probable es que caigamos en la tentación de hablar como muchos de ellos...como no se debe.
Desde las más altas esferas nos muestran que un ministro dice de cualquier ciudadano que es un estúpido, un nabo, un idiota. Y una Abuela de Plaza de Mayo descalifica a un político groseramente, con palabras de baja educación, sin pensar que también ella es un ejemplo de lucha persistente pero de comportamiento ajustado a la democracia. Más acá un ex gobernador –casi un precandidato a presidente--, dice que le importa una mier... lo que le dicen, y por otro lado se sorprende de que una legisladora de su partido, opositor al gobierno, vote a favor en circunstancias no comunes. Hace poco, una senadora oficialista declaró que “tenía miedo”, pero que iba a ocupar su banca porque entendía que era su obligación. Es el colmo: tener miedo de sentarse a trabajar en el Senado.
Seguramente, el colmo para nuestros oídos y nuestra vista, fue el “discurso” de la señora Presidente, cuando jocosamente aconsejó comer cerdo para mejorar la actividad sexual y pollo para volar (¿desde cuándo los pollos vuelan?). Ahora nos faltaría ver las consecuencias de esas “ideas” de Cristina Fernández, quien aclaró que ya probó con el cerdito: Kirchner persiguiendo a su esposa con la líbido a flor de piel, los senadores y diputados oficialista destrozando a Cobos con piropos de subido tono, Lilita Carrió con minifalda y mostrando sus piernas en la Cámara, los gobernadores presionando al poder ejecutivo para que les gire recursos extras, pues de lo contrario harán una manifestación desnudos.
Mientras tanto, el pueblo, eterno elector sin respuesta, mira la TV, escucha la radio y lee los periódicos, en busca de respuestas que estén alejadas del mundillo del espectáculo que ofrecen lastimosamente los políticos y espera que algún día vuelvan a escucharse palabras sensatas como las que se dijeron hace 200 años.
¿Nuestros próceres de mayo habrían sido tan mediáticos si hubieran tenido los órganos comunicacionales actuales? Quizás, si. Entonces, estamos en condiciones de afirmar que 200 años no son nada, políticamente hablando.
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